Viajar hacia Luchon un viernes previo a participar en la marcha Luchon-Bayona encierra una serie de sentimientos difíciles de explicar, pues a la ilusión que da venir a esta prueba, a lo bonito que es parar un rato junto al monumento al paso del Tour de Francia por los Pirineos que hay en la autopista, al buen humor que acompaña siempre en este tipo de viajes al grupo expedicionario, hay que unir un inevitable temor a pasarlo mal en los puertos, a que haga mal tiempo, a no dormir lo suficiente,... En fin, que un, a veces, poco disimulado "acojono" que sentimos la mayoría de los cicloturistas ante estos retos hace que el día previo no estemos tan relajados como aparentamos y que lo único que deseemos es que llegue la hora de salir y afrontar de una vez el recorrido. Este año he venido con Jaime, un amigo de la Bilbaína, pero dentro de la expedición de un grupo numeroso de cicloturistas del lurreta, T.E. y con el que me une una cierta amistad. Además, a última hora se ha unido a nosotros otro ilustre cicloturista catalán, Rafa Vallbona, que me ha pasado algunas fotos para este post y del que podéis leer sus crónicas en su propio blog ![]() Monumento al TourLa cena en Luchon ha sido memorable, pues hemos improvisado un pic-nic bien surtido de viandas (la condición de vascos hay que hacerla notar en cualquier circunstancia) dentro del mismísimo quiosco de música del parque de Luchon protegidos de la lluvia que a ratos trata de minar nuestra moral. Después, una cervecita y a dormir, que la salida es muy temprano. Un buen desayuno, las últimas decisiones sobre la logística, un ratito de cola para sellar el cuaderno de ruta en la salida y allá vamos. Unos cientos de metros para calentar por las calles de Luchon y comienza el Peyresourde. Hace fresco pero no llueve, aunque el cielo no da mucha tranquilidad en que no lo vaya a hacer más adelante. La explicación al atasco la tiene el hecho de que hoy coincidimos con el día en el que suben la estatua del Gigante del Tourmalet (figura que complementa el monumento de la autopista) de su refugio invernal en Bagneres de Bigorre a su ubicación estival en la cima del famoso puerto. Y acompañando a la estatua se organiza una ascensión en bicicleta encabezada por el gran campeón francés Laurent Fignon. Así que, con más animación si cabe voy subiendo el Tourmalet poquito a poquito. La temperatura se va recuperando en esta primera parte, pero ya arriba, tras pasar La Mongie, el frío vuelve a reinar y la última curva la pasamos entre Esta noche he dormido mejor, y como en el Hotel no nos daban de desayunar a la hora que pretendíamos pues hemos dormido una hora más. Salimos ya en bici con un tiempo agradable hacia el centro de Oloron y tardamos un rato en dar con el control para el sello. Luego ya vamos |
Cumplidos mis objetivos principales de la temporada (Le Tour de Flandes y Baiona-Luchon), este año descartamos la participación en la marcha Larra-Larrau pero había comentado con la cuadrilla la posibilidad de volver a los Pirineos para conocer nuevos puertos entre Luchon y Perpignan. Finalmente, de otro lado, me insinuaron una posibilidad de conocer Bretaña y “los 3 días de Plouay” y lo cierto es que no le hice ascos a la idea. ¡Ya está bien de subir puertos! Después de darle vueltas a la mejor manera de desplazamiento, opté por elegir el mejor “mixto” (tren+coche). El plan incluía un día de viaje de ida, otro de regreso y en medio dos días de buen ciclismo. Al final resultó un período más bien corto pero, como se definiría en otro ámbito, se podría plantear como una experiencia piloto.
Puerto de DinanViajamos hasta Poitiers en TGV y recogimos un Ford Focus alquilado para desplazarnos al centro del país bretón. Los protagonistas esta vez, Txintxu y Agus. Nos alojamos en el agroturismo LaLanno de Cléguérec, una casa perdida entre maizales y donde “el silencio se oye”. La familia de Fred, matrimonio y dos hijos (además del perro Críquet y el gatito Cacahouet) nos brindaron un trato exquisito y la estancia fue del todo agradable. Lástima que quien escribe estas líneas, afectado de una fuerte lumbalgia, incluso antes de partir, no pudiera disfrutar lo deseado. A pesar de todo, y ya que habíamos transportado las bicis, me atreví a montar y relizamos una excursión hasta Plouay para una primera toma de contacto con la fiesta del ciclismo que habían preparado para el largo fin de semana. Realizamos 80 kms. El programa incluía marchas cicloturista, ciclodeportiva y a pie para el viernes 31 de agosto, carreras de élite/sub-23 y de féminas el sábado 1 de septiembre y, por fin, la prueba de profesionales élite-UCI, el domingo día 2, que nosotros no veríamos porque tendríamos que regresar a casa. En esta primera jornada, decidí no participar por razones obvias y Txintxu prefirió quedarse conmigo. Es una asignatura pendiente para una próxima incursión a este país. Más de mil ciclistas concurrieron en el evento y podemos asegurar que una gran parte de ellos eran de una edad bien avanzada. Dicen las buenas lenguas de por aquí que cuando la gente se jubila, el regalo suele ser una bicicleta. ¡Qué buena idea! Las carreteras no están muy transitadas y es una gozada pedalear por estos parajes que, a decir verdad, tiene sus repechos y sus dificultades a superar.
GouarecPor la tarde visitamos el Lago de Guérlédan y los pueblos anejos, con el canal de Rennes-Brest que discurre por sus aledaños. Una zona bien preparada para acoger a los turistas. El sábado por la mañana, nos desplazamos en coche a Dinan, una preciosa localidad costera que conserva casi toda su arquitectura medieval. ¡De peli de piratas, en serio! Físicamente, lo pasé muy mal y finalmente decidí pedir algún producto para la lumbalgia en una farmacia. Luego de cumplir con nuestra cita durante hora y media, “el programa” nos trasladaba de nuevo a Plouay para presenciar la prueba internacional femenina, valedera para la Copa del Mundo. Antes de la carrera, en el parking de los equipos, nos encontramos con algunas caras conocidas con las que estuvimos charlando un rato. Después comimos un “bocata” en uno de los txiringuitos del circuito y nos quedamos cerca de la meta para ver las 6 vueltas que las ciclistas tenían que realizar. La competición resultó ser bastante movida e interesante. Ganó Noemí Cantele en solitario. Regresamos a nuestro alojamiento, donde la familia de Fred nos había preparado una opípara cena de despedida, todo a base de productos bretones. Comentaron que por aquellos parajes desayunan poco, comen regular y cenan muy fuerte. El adiós tras el desayuno alimentó la esperanza de poder volver y disfrutar mejor, durante más días. Dejamos el coche en Poitiers y de nuevo cogimos el TGV para volver hasta Hendaia. |
| Autor: Agustín Ruiz Larringan |
Son cabezonadas las que nos mueven las más de las veces a quienes sentimos pasión por el deporte del pedal. No olvidaba que en mis años de más entusiasmo, y esta virtud va unida indefectiblemente a la juventud, hubo temporadas en las que, si no era adversa del todo la climatología, realizábamos una marcha desde Iurreta o Durango hasta San Sebastián. Rodamos en bicicleta durante todo el año, en unas épocas más que en otras, pero también en invierno y el objetivo bien podía ser acudir a ver el Cross de Lasarte...¡y volver!.
Brujasko UdaletxeaUnos 170 kms. aproximadamente. Salir despuntando el alba y plantarnos en el hipódromo donostiarra sobre las 11,30 de la mañana para poder contemplar, sobre todo, a los grandes: Mamo Wolde, Mariano Haro, Dave Belford ...son los nombres que he retenido en mi mente. Con los años, uno va perdiendo motivación y necesita marcarse nuevos o diferentes retos para seguir pedaleando con ilusión. Así que, tras las vacaciones de verano de 2002, decidí que el año siguiente sería un año duro pero ilusionante. Decidí prepararme para realizar el Tour de Flandes de cicloturistas, con el mismo recorrido que el oficial para profesionales, es decir 255 kms., que se realizan la víspera, o sea, un sábado. Influyeron dos factores importantes para que pudiera realizar este sueño: El invierno seco que hizo, aunque algunos fines de semana fueron realmente fríos, y el ofrecimiento de Ricardo Gallastegi a acompañarme, haciendo labores de auxiliar. Más no podía pedir. Bueno, sí: que no lloviera el día de la prueba. Recuerdo que empecé ya en Diciembre a realizar recorridos superiores a 120 kms., aumentando progresivamente las distancias según pasaban las semanas. Algunos días de labor, realizar media hora de rodillo y los fines de semana a tragar millas. Así que en Marzo, completaba rutas de 200 kms. con escasas subidas largas, pero repechos duros y constantes. Afortunadamente en nuestro país no hace falta más que darse una vuelta por la costa. Lo único que no puede practicar fue el paso por el pavés. Hicimos el viaje en coche el jueves día 3 de Abril. Salimos a las 7 de la mañana y llegamos a Brujas a las 7 de la tarde. Una ciudad que nunca mejor dicho, nos embrujó. Al ver tanta bicicleta urbana, Ricardo llegó a comentarme que había nacido en un país equivocado. No era para menos. El frío viento procedente del mar mantenía la temperatura siempre por debajo de los 7 grados, pero aún así, la gente pedaleaba a cualquier hora del día. Para nuestros propósitos dietéticos, encontramos un estupendo restaurante italiano en el que cenábamos casi todos los días. La víspera de la marcha, nos quedamos un rato más en la cama, para descansar del viaje del día anterior y luego salimos a soltar un poco las piernas. Pasamos frío y lo más incómodo de todo fue que llovía ligeramente a ratos.
Il RistoranteRegresamos al hotel bastante destemplados y lo peor fue la sensación que rondaba por la cabeza. Imaginarse recorrer una larga distancia empleando un buen número de horas, con tramos de pavés resbaladizo y con el cuerpo mojado resultaba una idea poco seductora. ¿Cómo podría explicaros que, con todos mis años de experiencia, aquella noche dormí muy mal? Será algo implícito en mi carácter. Cuando sonó el despertador a las 6 de la mañana, hicimos lo primero que hacemos todos los txirrindularis si el día anterior ha llovido: asomarnos a la ventana para contemplar el "panorama". "La fortuna ayuda a los audaces", pensé para mí mismo. Era una máxima latina que me enseñó José Ramón Castillo, con quien aprendí también otras muchas cosas referentes a este deporte. Preparamos los bártulos y bajamos a desayunar. Concreté algunos datos con mi director, me abrigué bien, y me fui hacia la Plaza Mayor sobre mi máquina. Sobre un escenario con rampas desfilaban uno tras otro los cicloturistas, que como yo, iniciaban la marcha a las 7 de la mañana. Sello en el carnet de ruta y hacia la salida de la ciudad. Teníamos que respetar los semáforos. Se iban formando grupos. Había que elegir el más apropiado para uno, en función de su ritmo de pedaleo. Los primeros 150 kms. eran llanos y resultaba muy aconsejable ir en grupo, bien arropado, dando algún que otro relevo para que nadie se mosquease y, como se suele decir, marchar a velocidad de crucero. Pasamos varios controles antes de afrontar los tramos de pavés. Y finalmente llegaron. En ocasiones eran trozos llanos. Los especialistas "volaban" y yo me rezagaba viéndoles pasar con una sana envidia ya llegarán los repechos y veremos lo que pasa me decía para animarme a mí mismo. Ricar se dejaba ver a ratos y se prestaba a facilitarme lo que necesitase. Comprendo que no era tarea fácil, sobre todo cuando empezaron a aparecer los adoquines. Este año tuvimos que rematar 21 muros, algunos asfaltados, pero la mayoría empedrados. No olvido los comentarios de algunos compañeros de fatigas cuando observaban que subía los grandes desniveles con el que denominamos tercer plato. La mayoría (flamencos, walones, franceses y holandeses) utilizaban únicamente dos platos. En llano eran unos auténticos portentos: me costaba poder seguirles a rueda, pero en los trozos que se empinaban no se me subían a las barbas. ¿Qué puedo deciros? En los kilómetros iniciales ya me percaté de que me había metido en un buen berenjenal. Estaba un poco acomplejado pues seguramente era uno de los participantes de menor estatura y peso. Ahora pienso en el "grillo" Bettini y me consuelo.
PavésSin explayarme mucho en cada repecho, puedo comentar que el único muur que consiguió doblegarme fue el temible Koppenberg con su 22% de desnivel. En mi defensa tendré que aducir que puse pie a tierra debido a la caída de dos cicloturistas delante de mí y no pude esquivarlos. Pero sólo fueron veinte metros a pie. Me arrimé a la esquina. Monté de nuevo sujetándome a una valla y arranqué hacia arriba. Sucedía en el km. 183. Recuerdo que tuve un pequeño bache físico sobre hacia las 15 horas y es "un algo" que me sucede más de una vez. Pero, como se dice en términos pugilísticos, me salvó la campana: apareció el último control y avituallamiento de la jornada. Recuperadas las fuerzas quedaba el plato fuerte del día, el famoso Kapelmuur o muro de la Capilla, o también muro de Grammont. Sería en el km. 240 y conseguí superarlo sin incidentes. Quedaba una última tachuela, pero era "pan comido". Luego, carretera llana, bien asfaltada y ancha hasta la llegada. Una gozada para saborear la consecución del objetivo. Llegué a Ninove sobre las 17 horas. Pendiente de mí, Ricar. Nos dimos la mano y me cogió la bici. Sellé en el control y recogí mi diploma y mi obsequio de recuerdo. Luego, una hora de autovía hasta Brujas. Ducha, ligero masaje, un rato de reposo y una merecida cena. Creo que mi compañero había terminado tan fatigado como yo. Hubo más anécdotas que podría contar, pero se alargaría mucho mi crónica. Como detalle más destacado, podría comentar que el día siguiente estuvimos en Kapelmuur viendo a las figuras retorcerse. Antes, a las 8 de la mañana, la Plaza Mayor de Brujas era un hervidero de gente.
En la Meta con RicardoRealmente impresionante. Luego en Grammont todo un espectáculo ante toda una gran afición. Alguna ikurriña asomaba tímidamente entre tanto león de Flandes sobre fondo amarillo. Vinieron los mejores en cabeza y pasó Flecha, pero no pudimos ver ni a Freire ni tampoco a nuestro querido Txente, y ganó... ¿quién ganó?. Del regreso tras la prueba de los profesionales hay poco que contar. Llegamos a casa a las 6 de la mañana. Era lunes 6 de Abril de 2003. Si los presuntuosos franceses denominan "infierno del norte" a su mítica prueba de París a Roubaix, me parece de justicia denominar al Tour de Flandes "el norte del infierno". Imaginarlo un día de lluvia, viento y frío me produce una impresión inenarrable. Me estoy preparando para volver este año. |
| Autor: Agustín Ruiz Larringan |
Tres rutas en Zuberoa. Alojamiento a las afueras de Sohüta, en Hoquy, situado en la cima de una pequeña colina sobre Maule. Panorámica magnífica. Una casa familiar, el alojamiento un tanto lúgubre. Sin TV ni radio en la habitación. O sea, ideal para desconectar en vacaciones. Los horarios del desayuno a las 8 y la cena a las 19,30 horas se cumplen a rajatabla Hoy se sale a las 9 con un recorrido diseñado de antemano, pero mucho me temo que no se va a poder realizar el itinerario previsto. Carretera mojada y cielo encapotado. Tomo dirección Donapaleu y luego hacia DonibaneGarazi.
MapaDesde la pequeña atalaya que supone DonibaneZaharra se ve que va acercándose una espesa cortina de agua. Tocata y fuga. No voy a subir hasta Ibañeta. Golpe de timón y me dirijo a Lekunberri, aunque tal y como se presenta la situación, aventurarse a subir hasta los 1.055 metros del Aphanize me parece un poco descabellado. Atajo por la izquierda dirección Hozta por una carretera desconocida. Hay repechos durísimos (15%) en una subida de al menos siete kilómetros. ¿Habrá realizada una altimetría de este lugar? Perseguido por la lluvia, ha merecido la pena llegar a este paraje. Un valle perdido donde no funciona el teléfono móvil. Ni tiendas ni farmacia. Quien no tiene vehículo está un poco vendido. Un núcleo escaso de viviendas y luego diversos caseríos diseminados por las montañas.Justo cuando comienza a mojarse la calzada me encuentro por una callejuela con un euskaldun natural de Iruñea. Reconstruye un caserío en ruinas y me invita a resguardarme hasta que escampe un poco. Está solo. Le viene bien charlar un rato con alguien, en euskera, y me defiendo como puedo.
Mauleko GazteluaComenta que supone será desagradable pedalear en estas condiciones. Respondo que en algunos momentos malos, pienso en losnavegantes o aventureros solitarios que se embarcan en objetivos como la vuelta al mundo en velero o escalar el K2. Relativizar me dice. Hay que relativizar. Alude a la situación del Líbano y él mismo experimenta una situación similar a la mía. Vive aquí bastante aislado. Define la condición de su entorno como socialismo arcaico. Llevarse mal con sus vecinos es un mal negocio. Existe colaboración y reciprocidad. ¡No estaría mal extender este sistema en otras pequeñas parcelas de nuestras relaciones en la ciudad. Una experiencia así requiere entrenamiento, creo. ¡Como andar en bicicleta! Cesa de llover y es hora de despedirse. Encaro el Oskixe y me como el bocata en el BarRestaurante Bista Eder. Me sacan una Cocacola de 50cl. al precio de dos euros. Paso aquí otro rato (húmedo). Descendo el puerto pero no quiero acabar la excursión sin visitar Altzürükü, así que voy...y vuelvo porque una negra nube me persigue de nuevo. No acaba de secarse la carretera y esto es muy molesto. Termino aburrido de huir y por lo tanto me encamino hacia Hoquy. Son las tres y media de la tarde y he realizado 118 kms. |
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